
Vida y biografía de Alberto Gauna – Documentalista audiovisual
Nací en Tandil, provincia de Buenos Aires, Argentina. Dicho así puede parecer un lugar más en el mundo, pero para mí es el mejor sitio del mundo. En mis recuerdos, ahora con la perspectiva del tiempo, es mi lugar mágico, un sitio donde uno tenía la sensación de crecer y ser feliz a flor de piel. Me refiero especialmente a la etapa de la adolescencia, que coincidía con la época de la formación secundaria. De esa época son mis mejores amigos, mis mejores recuerdos. También coincide con el momento que Argentina y Latinoamérica atravesaban. Desde la escuela técnica hasta el cine club, toda esa generación marcó el proyecto futuro de mi vida. De todas las inquietudes de los jóvenes de entonces, era leer los periódicos; casi los desmenuzábamos.
Encontré en aquella sábana que era “La Nación” un articulito pequeño donde se convocaba a unas becas para estudiar cine en Buenos Aires. Las solicité y, con mi mayor sorpresa, me la otorgaron. Fue como encontrar el camino que me llevaba a este tren de una buena estación para, entre otras cosas, formarme en algo que en el Tandil de la época casi era una utopía. Ayudado y empujado por mi familia y amigos, llegué a Buenos Aires para realizar el curso de cine y audiovisuales del Fondo Nacional de las Artes en aquel mítico 1971. Creo que el destino y la suerte hicieron el resto, porque nos juntamos en aquel Buenos Aires de 1971, una cantidad de amigos y casi diría yo una generación maravillosa. Fue la etapa no solo de la formación sino del deslumbramiento. Allí sí que vi cómo era el país en donde vivía.
El destino creo que hizo el resto. Comencé a trabajar en un laboratorio de revelado de material cinematográfico muy conocido, ALEX. Allí se procesaba casi la totalidad de las cosas que en cine se hacían por aquel entonces en Argentina y casi diría yo en el sur de América Latina. Lugar ideal para contactar con los profesionales del sector de aquel momento. De aquellos cafés en el “bar de ALEX” salieron mis primeros trabajos de asistencias de dirección, muy especialmente al conocer a Nicolás Sarquís, de quien tenía una lejana referencia por haber visto “Palo y Hueso” en el cine club en Tandil.